La sonrisa más bonita del mundo no habla,
se mantiene en silencio,
solamente sonríe,
o bien te mira,
intrigado, extrañado,
deseando averiguar,
o queriendo decir algo que sabe y tú no.
Este mes de agosto ha estado enfermo, le falló el corazón y se le inundó el pulmón derecho, le costaba respirar. Sus fuerzas, ya escasas, menguaron. Aun así, nos miraba y sonreía.
Pero fuimos rápidos y él es fuerte. Para algo debe de haberle servido hacer una guerra.
Yo rastreo con un poderoso radar mi propia memoria en busca de sus recuerdos, que son velas encendidas, cerillas, linternas, ojos que brillan, o simples cigarrillos prendidos que alumbran aquello que no veo. O manos que me guían.
(....)
La sonrisa más bonita del mundo siempre nos decía que únicamente debíamos tener miedo al miedo.
Y yo ya no tengo miedo a eso.
Entonces, ¿por qué no paro de llorar?
Alguien se va.
Alguien ha bebido silencio.
Sólo en agosto gritan las tormentas
como dementes en una ambulancia.
Las ramas nos golpean las mejillas.
Huelen hojas de alisios a aceite de heno, a sueño.
Cabe escuchar, escuchar, escuchar.
Bajo el agua respiran manantiales cansados.
A las cuatro de la mañana
un solitario y último relámpago
con rapidez dibuja algo en el cielo.
Dice “No”. O “nunca”.
O tal vez: “Valor, no se apagó el fuego”.
(“Última tormenta” Adam Zagajewski)
El Peletero/ La sonrisa más bonita del mundo
Nadie muere del todo mientras haya alguien que lo recuerde.
Pere, tú vas a estar en el corazón de tus hijos, de tu familia, de tus amigos y de todos los que gracias al Peletero te hemos podido conocer.
Buen viaje Pere. Descansa en Paz.
Conxa.

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